En la opinión de Gil Guillen - Los videojuegos sí son cosa de niños

Viernes después de llegar a casa de la escuela, aproximadamente a las 15.00 horas, mi mamá me gritaba: apaga eso y vente a comer!! Ese mismo día, y hasta en sábado, alrededor de la media noche mi papá me decía, con un tono serio: apaga eso y ya vete a dormir.

Pero ¿cómo apagar el Nintendo (el NES, en ese entonces) cuando me prohibían jugar entre semana y únicamente estaba permitido hacerlo de viernes a domingo? No había tiempo que perder para salvar a la Princesa Peach, cautiva en el castillo que Bowser la tenía en el título de Mario Bros. O para cazar patos y esperar que se escape ninguno y evitar que el perro se burlara de ti en Duck Hunt. O para defender a la tierra contra la invasión alienígena en Contra. O para jugar Final Fantasy o The Legend of Zelda; títulos, que por cierto nunca probé.

No recuerdo cómo fue que la consola Telepong (con eso nombre la conocí) llegó a mi casa. Pero sí del momento cuando mi papá lo hizo con el Atari 2600 y unos años después, para sorpresa mía y de varios de mis primos, un tío llegó una Navidad diciendo: sobrinos, vean lo que les traje de regalo, se trataba del Nintendo, que en ese entonces ya tenía aproximadamente tres años de haber salido al mercado.

Puedo presumir que durante mi infancia que el salir a jugar y divertirse en la calle para jugar futbol o a las escondidas, a andar en bici, con la avalancha o la patineta, tocar los timbres de los vecinos y echarse a correr antes de que abrieran la puerta y meterse a los terrenos baldíos, entre otras cosas, era algo común y relativamente seguro… otros tiempos y otra ciudad.

Y en esa misma época empezó a ser común el que tus primos y amigos llegaran a tu casa para reunirse a jugar videojuegos, y viceversa. A jugar y competir con el juego de ese día, a compartir contraseñas y trucos para saltar misiones o tener un nuevo poder, a competir para ver quién avanzaba más niveles o lograba más puntos. A olvidarse de las responsabilidades de esa edad, que seguramente era hacer la tarea. A divertirse y a reír.

Eran comunes las visitas al tianguis en fin de semana con la finalidad de intercambiar cartuchos: en cinco mil viejos pesos los de Atari y en seis mil (también viejos) los de Nintendo, para regresar un par de horas después a ese mismo puesto porque el juego que intercambiaste no funcionaba y en ocasiones volver a casa desilusionado porque la respuesta sin ningún pudor era: no niño, no aceptamos cambios.

Años después no tengo claro por qué, pero durante un lapso de 12 años no fui poseedor de ninguna consola de videojuegos. Di el salto del NES hasta Play Station 2, equipo que compré a los tres días de terminar con una novia a la que frecuentemente le comentaba que iba a comprar un PS2 y me decía: para qué. Claro que lo iba a comprar.

Recientemente, The Competitive Intelligence Unit (The CIU) presentó su estudio sobre la Industria de Videojuegos en el que menciona que ésta ha tenido un gran crecimiento debido, entre otras causas, al actual #QuédateEnCasa (que supuestamente todos los que tenemos la oportunidad de hacerlo estamos cumpliendo…supuestamente) y que más personas han tenido como actividad de distracción el pasar tiempo con los videojuegos. Tan solo en México, al cierre del 2020, el número de gamers alcanzó 72.3 millones, un incremento de 5.5% respecto al año anterior, y con un valor de mercado en el país de 32,229 millones de pesos.

Por estos datos, The CIU menciona que #JugarNoEsCosaDeNiños en referencia a que cada vez son más los adultos que pasan el tiempo y se divierten con videojuegos. Difiero. Las condiciones han cambiado, la tecnología ha avanzado, la interacción con tus compañeros de juegos es en línea, pero #JugarEsSeguirSiendoNiños, sigue siendo el ir a otros mundos, a viajar, a ser el héroe de la misión o el campeón del torneo, a hacer lo que en la vida real no puedes: viajar al espacio, volar, lanzar rayos, saltar más alto, acabar con los zombies. Es también tener nuevos amigos que viven, comen y respiran videojuegos: fanáticos, reporteros o que trabajan en el sector.

Es divertirse y reír… como cuando eras niño.

Gilberto Guillén

Experto en nada.


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