Por Guadalupe Romero
Saquemos el pan… que hay leche
Cuando de ser optimistas se trata, hagámoslo bien, con datos y dichos basados en método, estadísticas, estimaciones y conocimiento de los que se ocupan profesionalmente de lo que hoy nos preocupa, la economía.
Por eso celebramos el más reciente reporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), dirigida por el mexicano José Ángel Gurría (un gran aplauso para él y sus 15 años de liderazgo que ya terminan con una gran historia y rostro detrás), que prevé un real crecimiento para el país, “sin que sea el esperado, pero es positivo”.
También hagamos eco de los informes del INEGI, dirigido por Julio Santaella, que a diario nos revelan el corte de caja más aproximado, en los distintos quehaceres de México, a la realidad de la mayoría de los habitantes de esta nación. Ayer lanzó los resultados de su tercera edición de la encuesta entre empresas para conocer sobre el impacto de la pandemia Covid-19 en esas unidades económicas.
El trabajo se realizó del 1º al 31 de marzo de 2021, con un tamaño de muestra de 5 mil 969 empresas; entre los resultados, de un millón 873 564 empresas en el país, 85.5% indicó haber tenido alguna afectación a causa de la pandemia. Se observa una disminución respecto de la segunda edición en que 86.6% respondieron lo mismo y de la primera edición, cuando 93.2% de las empresas reportó una o varias afectaciones. Es decir vamos: “entre azul y buenas noches”, diría la vecina.
Como dueño de mi atole, lo menearé con un dedo
Lo cierto es que si empieza a haber de todo y que la distribución de alimentos, gracias a los buenos resultados del sector agropecuario, sigue sin pausa. Por eso, hoy celebremos en grande el Día Mundial de la Leche.
Y aunque en México existe un déficit de alrededor de 4 mil millones de litros entre la producción actual de 12 mil millones de litros, y el consumo anual de leche que se ubica en casi 16 mil millones de litros (consumimos más lácteos de los que producimos), los productores trabajan sin descanso.
El consumo en México es equivalente a 130 litros de leche (incluye derivados) por persona al año, siendo que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) recomienda 180 litros de ingesta anual; lo que representa un reto y a la vez una enorme oportunidad para la cadena productiva en el país.
Productores nacionales como Grupo Lala, presidido por Eduardo Tricio, se ocupan de impulsar las mejores prácticas y contribuir así a desarrollar las cuencas lecheras del país. Como parte de este esfuerzo, le cuento que la compañía ha desarrollado diversos programas de capacitación para que pequeños productores y ganaderos puedan mejorar la calidad de sus productos lácteos e incrementar su capacidad anual de producción.
Desde que se planteó, Lala se sumó al proyecto del presidente Andrés Manuel López Obrador para contribuir a desarrollar el sureste de México al impulsar actividades productivas que consoliden la cuenca lechera del sureste; en este marco ha implementado un programa de vinculación con productores, la compra de leche local y el procesamiento de la leche del sureste bajo la marca MILECHE, que se distribuye en la región.
Competitividad mexicana
Grupo Lala trabaja también en promover la competitividad y sostenibilidad de las principales cuencas lecheras del país – Jalisco, Coahuila, Durango, Chihuahua y Guanajuato, las cuales ostentan el 57% de la producción –, y adicionalmente, contribuir a desarrollar los estados con potencial productivo en esta materia, como Veracruz, Tabasco, Chiapas y Campeche que en conjunto apenas tienen el 12% de la producción.
El Grupo se observa ocupado en la soberanía alimentaria de México, y en paliar el déficit del sector e incrementar el consumo de leche en nuestro país. México se ubica en el lugar 16 de los productores de leche a escala mundial, con tan solo el 2% del total, por lo que el reto para el país y los productores es grande
Y sin querer repetir lo dicho, pero se los dije. Vamos en línea de recuperación, hemos crecido para bien de todos; aunque lejos de los niveles que se necesita para alcanzar el bienestar de muchos mexicanos que lo perdieron todo, trabajo, ingresos, educación y oportunidades.
Los analistas del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (Ceesp) lo reconocen: los crecimientos del PIB han resultado mayores a lo esperado pero “de ninguna manera significa que el manejo de la política económica en tiempos de la pandemia -y en 2019- haya sido el adecuado”.
El valor real del PIB del primer trimestre del año es aún inferior en 4.7% respecto al cierre de 2018, porque recordemos 2019 fue de pérdida, de recesión con trimestres consecutivos y anual a la baja.
Ayer la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), sumándose a lo externado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), publicó que el producto interno bruto (PIB) de México se situará en menos del 94% de su PIB potencial, cerca de la India (95%) y muy por debajo de Brasil, Canadá y Estados Unidos, que habrán alcanzado el 100% de su PIB potencial y de otros como Chile, Alemania, Polonia, Italia, España y Turquía que llegarán a 98-99%. Es decir, nos volvemos a quedar en el “si pero no”.
Y es que la incertidumbre y desconfianza que limita la inversión, las presiones inflacionarias que resienten las canastas en los hogares y el largo trayecto que falta para recuperar lo perdido, basado en la preocupación número uno del Estado, las próximas elecciones del 6 de junio.
Y ¿quién llevará las viandas a la fiesta?
La OCDE exhibe a Colombia como la economía latinoamericana que acelera su recuperación, mientras que México es la más rezagada entre las principales economías. Las preocupaciones derivan de un lento avance en la vacunación Covid-19 en la que los países emergentes y de bajos ingresos ven una amenaza.
Además, observa que “las mujeres, los trabajadores informales y los más jóvenes han sido los más afectado en términos de empleo”. Para México, la OCDE ve un crecimiento de 5%, una mejora con respecto al pronóstico previo, en tanto que para 2022 ve una expansión de 3.2%.
“Diferimos un poco de la OCDE, nuestros modelos indican que vamos a crecer 6.5% y que la recuperación de la pandemia va a ser antes de lo esperado”, expuso el subsecretario de Hacienda, Gabriel Yorio, con un claro -momento, nos estamos ocupando y debo decir… qué-.
La OCDE ve que el consumo privado se recuperará gradualmente, ayudado por las remesas y la distribución de vacunas, y proyecta una recuperación a dos velocidades beneficiando más al sector exportador. Pero sin dejar de advertir que la pobreza, las desigualdades y las brechas de género se han ampliado.
Y puntualiza, aunque las tripas de los funcionarios se retuerzan, que la mejora de la economía se observa debido a que Estados Unidos está siendo impulsado por un estímulo gubernamental, lo que lo impulsaría a una expansión de 6.9%, tras la caída de 3.5% en 2020.
Hay que decirlo, esos estímulos también ya se recomiendan retirar para que agarren impulso las economías, remedio que pasó de largo en México así que el empujón seguro esperan que venga del más allá, o ¿de dónde?