El Torneo de Clasificación Intercontinental de la FIFA en México no ha logrado encender la pasión de los aficionados como se esperaba. En Monterrey, la preventa de boletos apenas superó las 15 mil entradas, muy por debajo de la meta de 25 mil. Esta situación ha llevado a los organizadores a cerrar el anillo superior del estadio BBVA, esperando que las compras de último minuto mejoren la situación.
En Guadalajara, la historia es similar. Con solo 16 mil 800 boletos vendidos, el estadio Akron podría lucir butacas vacías, algo inusual para una ciudad tan futbolera. Mientras las suites para la Copa del Mundo de junio de 2026 están casi agotadas, los boletos para los partidos de marzo se venden con lentitud.
La falta de arraigo de las selecciones participantes es un factor clave. Equipos como Nueva Caledonia, Jamaica y Bolivia no generan el mismo interés que potencias como Brasil o Argentina. Sin la participación de la Selección Mexicana, el valor del espectáculo disminuye para el aficionado local.
Además, la saturación económica juega un papel importante. Los aficionados de Monterrey y Guadalajara ya han invertido en seguir a sus clubes en la Liga MX y la Copa de Campeones de la Concacaf. Con el Mundial de junio en el horizonte, muchos prefieren ahorrar para ese evento estelar. Para algunos, este torneo es visto más como un ensayo general que como un festival de fútbol de élite. Las pruebas de logística y certificación de los estadios parecen restar atractivo al evento, percibido más como un trámite que como una verdadera competencia.
Curiosamente, los precios no son el problema. La FIFA ha establecido tarifas accesibles, comparables al costo de una ida al cine. Los boletos para la primera ronda cuestan 200 pesos mexicanos, mientras que los de la segunda ronda están en 300 pesos. Sin sorteos ni cargos excesivos, la compra es sencilla y directa.