Prueba de manejo - El Mundial también se juega en cuatro ruedas

Históricamente, las armadoras de autos han encontrado en el fútbol una plataforma ideal para asociar sus valores: desempeño, trabajo, tecnología, emoción y por supuesto, movilidad

Raúl Curiel

Cada Copa Mundial de la FIFA es, además de un fenómeno deportivo, un gigantesco escaparate comercial. Noventa minutos de fútbol se convierten en miles de impactos publicitarios que cruzan fronteras, idiomas y generaciones. Y en ese terreno, pocas industrias han sabido jugar tan bien como la automotriz.

Para las marcas de autos, patrocinar el Mundial no es un acto de filantropía ni de simple presencia de marca: es una declaración de poder global. Estar ahí significa pertenecer al reducido grupo de compañías capaces de hablarle al planeta entero con un mismo mensaje. No importa si el partido se juega en Doha, Ciudad de México o Berlín: el logotipo en la cancha es el mismo, y la aspiración también.

Por ejemplo, anoche acudí al evento de kickoff de la coreana KIA donde nos presentaron las ediciones conmemorativas de la Copa Mundial de la FIFA 2026 (K3, K4 y Sportage). Dicho modelos edición limitada fueron presentados hábilmente por las leyendas de la Selección Nacional Oribe Peralta, Manuel Negrete, Luis Flores, Jorge Campos, Miguel España y Miguel Layún. Sin duda una activación de coyuntura muy estratégica para las huestes de Horacio Chavez, que en nuestro país comanda las riendas de esta armadoras.

Históricamente, los fabricantes de autos han encontrado en el fútbol una plataforma ideal para asociar sus valores: desempeño, trabajo en equipo, tecnología, emoción y, por supuesto, movilidad. El automóvil, al igual que el fútbol, promete libertad, progreso y sueños alcanzables. La narrativa es perfecta… al menos en papel.

Sin embargo, el contexto ha cambiado. Hoy el patrocinio mundialista ya no se limita a colocar vehículos oficiales o flotillas para los organizadores. Ahora se trata de contar historias: electrificación, sostenibilidad, innovación y futuro. El Mundial se ha convertido en un laboratorio de branding donde las marcas buscan reposicionarse ante una audiencia cada vez más crítica y consciente.



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No es casualidad que, en los últimos ciclos mundialistas, veamos a fabricantes empujar con fuerza sus discursos de movilidad eléctrica, conectividad y reducción de emisiones. El balón rueda, sí, pero también lo hace la estrategia para convencer al consumidor de que la industria automotriz está evolucionando al ritmo que el planeta exige.

Aquí surge la pregunta incómoda: ¿cuánto de ese mensaje es convicción real y cuánto es oportunismo publicitario? El Mundial ofrece una vitrina inmejorable para “pintarse de verde”, aunque los desafíos estructurales de la industria sigan siendo enormes. El riesgo para las marcas no es menor: un público global, hiperconectado, detecta cada vez más rápido las incongruencias entre discurso y realidad.

Aun así, el patrocinio sigue siendo un movimiento maestro. El fútbol no solo vende emoción; vende pertenencia. Y las marcas de autos lo saben: quien logra colarse en la conversación mundialista no solo vende coches, vende identidad.

Al final, el Mundial de la FIFA no se gana únicamente con goles. También se disputa en las gradas, en las pantallas… y en los anuncios. Y mientras el balón siga siendo el idioma universal, las marcas de autos seguirán apostando fuerte por este torneo, conscientes de que, durante un mes, el mundo entero les presta atención.

¡Adiós!


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