En los gimnasios de hoy, ir a entrenar se ha convertido en una odisea frustrante. Llegas motivado, con tu rutina planeada, pero te encuentras con máquinas ocupadas por horas... no por series intensas, sino por personas posando frente al espejo, ajustando el ángulo perfecto para una selfie o un reel en redes sociales. O peor: alguien sentado en la prensa de piernas, scroll infinito en el celular, sin sudar una gota. ¿El resultado? Esperas eternas, irritación colectiva y un entrenamiento interrumpido. Lo que debería ser un espacio de bienestar se transforma en un set de fotos improvisado.
Según L’Équipe, los comportamientos más nocivos en los gimnasios incluyen el acaparamiento de máquinas, la falta de limpieza, el uso excesivo de celulares y la grabación constante de videos. Estos hábitos no solo molestan, sino que alteran la convivencia y el bienestar general. El personal de muchos centros debe emitir advertencias constantes, lo que refleja la magnitud del problema y la necesidad de vigilancia estricta para mantener el orden.
Una medida extrema que ha ganado visibilidad es la retirada de espejos en las salas de pesas. Los espejos son esenciales para corregir postura, perfeccionar técnica y trabajar músculos con precisión. Pero se han convertido en el aliado perfecto de los "aspirantes a influencers", que monopolizan aparatos enteros mientras buscan el pose ideal. Algunos gimnasios han tenido que eliminar todos los espejos para evitar "treadmill selfies", o tendencias recientes en inclusividad, y han optado por quitarlos para reducir la presión social y fomentar la concentración en el ejercicio real.
Y no olvidemos a otro grupo irritante: los que llamaremos "Charlatanes Fitness". Esos individuos que van al gimnasio principalmente a platicar, socializar y estorbar pasillos, sin apenas tocar una pesa o hacer una repetición seria. Llegan en grupo, ocupan bancos para charlas eternas, bloquean el flujo y convierten el lugar en una extensión del café. No sudan, no progresan, pero sí interrumpen a quienes sí van a entrenar de verdad. Al final, estos comportamientos egoístas restan espacio y motivación a la mayoría. Los gimnasios necesitan normas más estrictas, quizás límites de tiempo por máquina, zonas sin celulares y, quizás también más espacios sin espejos. Porque el gym debería ser para sudar y mejorar, no para likes y conversaciones interminables. ¿Tú qué opinas? ¿Has vivido esta frustración?