"Estrella porno": el costo brutal e íntimo de la fama

La pornografía vende, así de claro, poco importa si es profesional o amateur, tampoco si es gay, lésbico o heterosexual y… aunque suene contradictorio en esencia, mucho menos importa el físico de quienes optan por esta “profesión”, ya que, en esta villa del señor hay gustos y filias de todo tipo, como la canción del aventurero: “Me gustan las altas y las chaparritas, las flacas, las gordas y las chiquititas, solteras y viudas y divorciaditas, me encantan las chatas de caras bonitas”. En la industria y por supuesto, en el mercado de la pornografía siempre hay un producto ideal para cada consumidor.

Para ponernos aún más en contexto, hablar de las ganancias generales que obtiene esta industria de “entretenimiento para adultos” es ciertamente difícil de estimar, ya que, tanto productoras como sitios web dedicados a este ámbito, deciden mantener oculto el volumen total real del tráfico monetario que manejan, pero, según algunas estimaciones, esta industria podría estar generando entre  6 mil y 15 mil millones de dólares en ventas, dicen Alex Helmy, fundador de Xbiz, una revista especializada en la industria del sexo, a la par de Dan Miller, de la empresa competidora AVN, quién tiene la misma opinión, eso en cuanto a ventas, pero, la industria en general podría facturarse con un valor de 50 mil a 60 mil millones de dólares.

Estas cifras colocan a la industria pornográfica como la segunda más exitosa a nivel mundial, solo por detrás de los videojuegos y por encima de la cinematografía comercial convencional, es decir, que ni siquiera industrias como la farmacéutica o la de bebidas alcohólicas se equiparan en ingresos a la pornografía, en este sentido, viene bien mencionar que el porno es el negocio #1 en internet, el #2 son las apuestas y el #3 la pornografía infantil… sí, ya comenzamos a vislumbrar los detalles incomodos de este devenir enfocado al placer sexual.

Cuando hablamos de adicciones, lo más común es pensar en drogas, tabaco, alcohol y ludopatía, pero, la adicción a la pornografía sin duda es igual de destructiva e inmisericorde como el resto de las antes mencionadas, Según el psiquiatra Josep M. Farré, del Instituto Dexeus de Barcelona: “muchos pueden pensar que la adicción al sexo es una suerte más que un problema de salud. Sin embargo, son personas que ven peligrar su estabilidad emocional, sus relaciones familiares y sociales o el trabajo por causa de un impulso imposible de frenar, impulsos que encuentran un alivio en la pornografía, pero, como toda droga, se necesita cada vez más para volver a experimentar el éxtasis total, se empieza con un video cualquiera y se termina en fetichismos de todo tipo y exposición”.

Respecto a esto último, según un informe publicado por “Save the Children”, la mayoría de consumidores de pornografía comenzaron con esta practica a los 12 años en promedio, lo cual, les expone a situaciones ficticias o reales, las cuales, aún están fuera de su entendimiento razonado, de hecho según el mismo informe, cerca del 38% de adolescentes que consumen pornografía, NO saben distinguir que es un “producto de entretenimiento” y que las relaciones sexuales son y deben ser como se muestra en la pornografía, situación que es alarmante, sobre todo cuando recordamos que una de las temáticas o fetiches más recurrentes dentro del porno es la de “engañar o aprovecharse de situaciones para obtener sexo”, lo cual, puede derivar en comportamientos de acoso, abuso y violación.

Bien, ahora ya tenemos un contexto más que perfecto para poder hablar del precio intimo que tienen que pagar muchas de las personas inmiscuidas en la pornografía, un precio que ni de lejos se compara con las millonarias cifras de la industria, porque, este precio tiene que ver con algo mucho más esencial e importante: el bienestar físico y la integridad psicológica. En infinidad de ocasiones, ya sea por internet o en charlas con amigos, hemos escuchado el comentario: “Si yo fuese estrella porno estaría más que feliz de la vida, es más, con que me den lo justo para vivir tranquilamente, yo lo haría gratis”, un comentario más que curioso, ya que, refleja cierto conocimiento de la industria, pero, a la par, total desconocimiento de lo que realmente implica se profesional.


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A continuación, y para que esto se vuelva mucho, mucho más íntimo, enlistaremos algunos caso y opiniones de “pornstars” quienes han contado de viva voz, que, si bien el porno les dio para vivir cómodamente, también ha sido responsable de no poder llevar una vida tan buena y digna como hubiesen querido:


Riley Reid:

Comenzando por una de las actrices más famosas del momento, Riley a pesar del éxito que goza actualmente, declara abiertamente que no recomienda para nada su estilo de vida, ser una “pornstar” la ha llevado a sentirse sola, que nunca encontrara a una pareja quien la apoye en sus momentos difíciles y que en definitiva la relación con su familia está destrozada: “He perdido a toda mi familia. Tampoco hablo con mis hermanos o hermanas. Pienso que al final se aprovecharon de mí o bien sienten vergüenza de lo que hago, como mi padre, en cuestión de parejas… Estuve saliendo con un chico durante dos años, y los principales conflictos que tuvimos tenían que ver con mi trabajo. Una vez me dijo que ya no quería besarme, y lo dejamos. Esta situación se ha repetido una y otra vez en mi vida”.


Linda Lovelace:

Este nombre es uno de los más legendarios en la industria pornográfica, ya que, ella es la protagonista de la cinta “Garganta profunda”, uno de los materiales que han marcado en un antes y un después la manera de hacer y filmar estos contenidos, pero, claro… esa fama no se vio reflejada en una vida igual de buena: “Mi esposo, Charles "Chuck" Traynor, ya tenía cierto recorrido en este mundo, él me obligo en muchas ocasiones a grabar infinidad de cintas, luego de mi separación, sí continúe laborando, pero, sin duda fue una mala decisión, porque hubo ocasiones en donde a punta de pistola me obligaron a hacer cosas que no quería”.


Bree Olson:

Quienes no sean adeptos al mundo de la pornografía, es muy probable que la conozcan por ser la novia del actor hollywoodense, Charlie Sheen, por allá de 2001, pues bien, ella grabó más de 400 películas porno y actualmente, asegura a pies juntillas, que se arrepiente por completo de ellos, ya que ahora, lo difícil es lidiar con el estigma social día tras día: “Es prácticamente imposible salir a la calle, la gente siempre te aborda con preguntas incomodas y… cuando crees que por fin consiste a alguien e confianza, tarde o temprano las cosas se salen de control, ya sea porque de nueva cuenta surgen las preguntas o por proposiciones denigrantes, ahora estoy en bancarrota y no puedo conseguir un empleo normal debido a eso”.


Vanessa Belmond:

Ella trabajó por 7 años en esta industria, comenzó recién cumplidos los 18 y asegura que, lo más difícil para ella fue mantener su salud, no solo para lucir atractiva, sino, por el sin fin de descuidos que se tienen por parte de ciertas productoras, en donde, ni un solo condón es utilizado en sesiones de hasta 10 horas de rodaje con más de cuatro parejas: “Luego de mi primera grabación me detectaron clamidia, lo pude solucionar, pero, fue un error de mi parte el dejarlo pasar y decir <cosa de mala suerte, seguro no vuelve a ocurrir>, porque sí… volvió a ocurrir pero con gonorrea, a eso, suma el hecho de que tenía que consumir cantidades inhumanas de analgésicos para poder continuar con las grabaciones, es no estuvo bien”


La pornografía vende, eso es más real que el sol saliendo cada mañana, pero, los consumidores y en general el mundo entero, pocas veces se detiene a pensar en todo el proceso y las implicaciones que suceden para que el producto final pueda ser vendido y consumido, todo es fácil sin experimentarlo, pero, no todo es disfrute a pesar de que haya alguien en pantalla gritando: “ay sí, que rico, dame más”, como un “te amo” sin sentimiento real y como cualquier acción sin conciencia, el precio de ciertos “sueños” es tremendamente alto, violento y brutal en totalidad.

JR Brindiz


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