Prueba de manejo - Los autos del Mundial de México 86

Raúl Curiel 

Mientras el país vuelve a respirar fútbol con la Copa Mundial de la FIFA 2026, resulta inevitable mirar hacia atrás y recordar aquella otra fiesta que marcó a toda una generación: México 86. Un Mundial inolvidable por los goles de Diego Armando Maradona, por la mascota Pique y por un país que se convirtió en el centro del planeta durante un mes. Pero mientras las estrellas rodaban el balón en las canchas, en las calles mexicanas también circulaban otros protagonistas: los automóviles que definieron una época.

En 1986, el mercado automotriz mexicano era muy distinto al actual. Las fronteras comerciales aún eran limitadas y los modelos disponibles eran pocos, pero profundamente arraigados en la memoria colectiva. El rey indiscutible de las calles era el Volkswagen Sedán, el entrañable Vocho, que transportaba familias, aficionados y turistas por igual. Era imposible recorrer la Ciudad de México sin encontrarse con decenas de ellos.

Otro ícono de aquellos años era el Volkswagen Caribe, un vehículo que para muchos representó la modernidad y la juventud. Su diseño europeo y su confiabilidad lo convirtieron en uno de los autos más deseados de la década. También destacaban el Nissan Tsuru, que comenzaba a consolidar una historia de éxito que duraría varias generaciones, y el Chevrolet Celebrity, símbolo de una época en la que los sedanes estadounidenses aún dominaban el imaginario automotriz.

Ford también tenía presencia con modelos como el Topaz y el LTD, mientras que Chrysler apostaba por vehículos como el LeBaron y el Aries. Eran autos que hoy evocan una época en la que conducir era una experiencia más sencilla, sin pantallas táctiles, asistentes electrónicos ni modos de conducción inteligentes.


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Curiosamente, al igual que el fútbol, los automóviles también cuentan historias. Basta observar una fotografía de México 86 para descubrir que los autos estacionados alrededor del Estadio Azteca son tan representativos de aquella época como los uniformes o los peinados de los jugadores.

Además, aquellos años representaban una etapa de transición para la industria automotriz mexicana. Los automóviles eran más compactos, mecánicamente sencillos y relativamente fáciles de reparar. 

Muchos conductores conocían a detalle el funcionamiento de sus vehículos y no era raro ver a los propietarios realizando ajustes menores en casa. Los viajes por carretera durante el Mundial se convirtieron en una tradición para miles de aficionados que recorrían largas distancias para asistir a los partidos en Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey. 

En esas rutas, los motores carburados, los radiocasetes y las ventanas manuales formaban parte de una experiencia de manejo que hoy parece lejana, pero que permanece viva en la memoria de quienes la vivieron.

A cuarenta años de distancia, el Mundial regresa a México con vehículos eléctricos, híbridos y cada vez más conectados. Sin embargo, para quienes amamos los autos, aquellos modelos de 1986 siguen ocupando un lugar especial. Porque así como Maradona dejó una huella imborrable en las canchas, el Vocho, el Caribe y el Tsuru también dejaron la suya en las calles de un México que aprendió a soñar en grande.

¡adiós!

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