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México 1986. El país entero vibraba con la promesa del quinto partido, el calor del verano azteca y una economía que intentaba sacudirse el polvo tras el devastador terremoto del año anterior. Pero entre los goles de Maradona y las atajadas de Pablo Larios, el verdadero fenómeno de masas no ocurrió dentro de la cancha, sino en las pantallas de televisión durante los cortes comerciales.
Esta es la historia de cómo un anuncio de Cerveza Corona de apenas unos segundos, concebido bajo el nombre de "Nacho Golacho", paralizó a una nación, lanzó a la fama instantánea a una joven modelo llamada Mar Castro y revivió un canto popular que hasta el día de hoy es sinónimo de fiesta mexicana: el Siquitibum.
La campaña publicitaria de Corona para el Mundial no buscaba una gran narrativa épica. La premisa era simple: retratar la pasión de la tribuna. El comercial principal presentaba a un personaje animado o arquetípico del aficionado mexicano, bautizado en los guiones creativos como "Nacho Golacho", un reflejo del fanático amigable, cervecero y apasionado.
Sin embargo, el destino de la publicidad dio un giro de 180 grados en el momento en que la cámara se enfocó en la tribuna real. Entre la multitud, una joven de 21 años, vestida con una playera blanca de tirantes con el logotipo de la cerveza y unos shorts de mezclilla, comenzó a bailar y a guiar el famoso grito de animación.
Su nombre era Mar Castro. Con una energía desbordante, una sonrisa magnética y un ritmo que contagiaba a cualquiera, Castro se robó el comercial completo. "Nacho Golacho" pasó a un segundo plano; México había encontrado a su nueva obsesión mundialista. El cántico que Mar Castro coreaba en el anuncio no era nuevo, pero el comercial lo catapultó a niveles de presencia nacional nunca antes vistos:
> "¡Siquitibum a la bim bom bam, siquitibum a la bim bom bam, a la bio, a la bao, a la bim bom bam... México, México, ra ra ra!"
El origen de esta porra se remonta a la década de 1920, ligada a los clubes universitarios y a los primeros años del fútbol organizado en México, con cierta influencia de los cantos de animación estadounidenses (cheerleading). Sin embargo, el comercial de Corona lo empaquetó con el ritmo del Mundial 86.
Durante ese mes, el "Siquitibum" dejó de ser una porra exclusiva de los estadios para convertirse en el sonido de las calles, las fiestas familiares y los comerciales de radio. La repetición constante del anuncio en la televisión hizo que la canción se fundiera con la identidad del torneo.
El impacto del comercial fue tan brutal que Mar Castro se convirtió de la noche a la mañana en un icono cultural. En una época sin redes sociales ni viralidad digital, el boca a boca y la televisión abierta lograron que todo el país supiera quién era "La Novia del Mundial".
Se dice que cuando el comercial salía al aire durante las transmisiones de los partidos, la atención se desviaba por completo del juego. La joven representaba la frescura, la alegría y la belleza de la juventud mexicana de los años 80. Tras el Mundial, las ofertas no tardaron en llegar. Mar Castro aprovechó el impulso para consolidar una carrera en el mundo del entretenimiento. Estudió actuación, participó en telenovelas, condujo programas de televisión y probó suerte en la música, demostrando que era mucho más que un rostro afortunado en un comercial de televisión.
El Mundial de 1986 es recordado por la genialidad de Diego Armando Maradona y por ser la cumbre de la "Ola Mexicana" en las tribunas. Pero en el imaginario colectivo del mexicano, el recuerdo de ese torneo está incompleto sin la tonada del Siquitibum y la imagen de Mar Castro bailando con una Corona en la mano.
A cuatro décadas de distancia, el comercial de "Nacho Golacho" sigue siendo estudiado en las escuelas de mercadotecnia como el ejemplo perfecto de cómo la autenticidad de un momento —y el carisma de una persona— pueden reescribir por completo una estrategia publicitaria, transformando un simple anuncio de cerveza en un hito de la cultura pop nacional.