- Cine

En Cartelera: La forma del agua

Leído: 40.

 

Se abre La forma del agua como si de un cuento de hadas se tratara: una voz en off nos introduce en la historia de Elisa, chica muda y solitaria –sus únicos amigos son un anciano vecino homosexual y su parlanchina compañera de trabajo en el servicio de limpieza de unos laboratorios secretos del gobierno- que acabará conociendo y entablando algo más que una amistad con un hombre-pez, mitad Mesías acuático, mitad monstruo del océano abisal. 

En un espacio retro-futurista (con su puntito steam-punk), pues estamos en un pasado (años 60) 100% fantastique –una buena manera de imaginar la forma de la película es retrotraerse a como el cine de los años 40 y 50 solía imaginar el futuro a través de su imaginario fantástico-, la protagonista (con cicatrices en el cuello que recuerdan a unas branquias) atrapada en la rutina diaria de cocerse huevos, masturbarse en la bañera, visitar a su vecino para ver musicales clásicos e ir y volver del trabajo, es más feliz en el mundo de los sueños que en su monótona realidad diaria. Vaya, que es fácil imaginar a Guillermo del Toro proyectándose en ella, porque, ¿quién quiere vivir la vida real cuándo es mucho más bella vivirla dentro de las películas? Y es que del Toro lleva desde Cronos (1993) declarando su amor al cine, por el cine y para el cine, a través de una obra que, anclada en el fantástico, visita todos aquellos lugares de placer donde el cineasta se formó como cinéfilo apasionado: monster movies aterradoras –Mimic (1997)-, películas de fantasmas con trasfondo social –El espinazo del diablo (2001)-, el cómic y los superhéroes –Blade II (2002), Hellboy (2004)-, los kaiju-eiga –Pacific Rim (2013)-, los films de terror gótico –La cumbre escarlata (2015)- y las fairy tales que beben tanto de los hermanos Grimm como de Lewis Carroll –El laberinto del fauno (2006)-. 

Con La forma del agua regresa al universo de los cuentacuentos cogiendo elementos que vienen tanto del cine con mad doctors, el pulp que trabajaba el mundo de los espías y la guerra fría y las películas con criatura amenazante que mezclaban terror con romanticismo –desde la seminal King Kong (1933) hasta películas como El caimán humano (1959) o La mujer y el monstruo (1954); de hecho, la película de Jack Arnold sigue siendo el patrón estético de cualquier humanoide marino que se precie-. Como La bella y la bestia (1946) de Jean Cocteau (la mejor de todas las versiones), La forma del agua es un cruce sublime entre el fantástico y el romántico; sin necesidad de tener a una joven que siga el canon de la belleza de pasarela –Sally Hawkins, la maravillosa actriz protagonista, ha pasado la barrera de los 40 y si resulta fascinante en la obra es por saber congeniar fragilidad, inocencia, valentía y amor absoluto- y haciendo creíble (y emocionante) una historia de amor en los límites de la realidad. 

El amor sobrenatural –hay casos espectaculares en la historia del cine: Una historia china de fantasmas (1987) o Déjame entrar (2008), serían buenos ejemplos- sería el corpus sobre el que pivotaría el resto de la acción de una película que tiende a radicalizar los perfiles de sus protagonistas (es perfecto que Del Toro escogiera a Michael Shannon y a Michael Stuhlbarg para ser, respectivamente, el villano de la función y el reptiliano mad doctor) para que el tono pulp de la obra se mantenga en todo momento. 

Uno podría pensar que si La La Land (2016) era el particular homenaje del Hollywood contemporáneo a los musicales de Vincente Minelli, quizás La forma del agua sirva para homenajear las excitantes películas fantásticas de serie B de los años 40 y 50, pero lo cierto es que la película de del Toro va mucho más lejos que la de Chazelle a la hora de erigirse como un título que sirva tanto como espejo del pasado y como referente para futuras películas. Pues si bien La La Land se limitaba a mimetizar gestos vistos antes sin aportar nada nuevo al asunto, La forma del agua logra converger influencias, reinventar los tópicos del género y asentarse como una cult movie contemporánea de la que, estoy seguro, beberán muchos cineastas a lo largo de los próximos años. 

A favor: La secuencia con el baño inundado. 

En contra: Absolutamente nada.

 

En Cartelera: Terror en la oscuridad

Leído: 16.

 

Basada en hechos reales y en una película francesa llamada À l'intérieur (Adentro), dirigida entonces por Julien Maury y Alexandre Bustillo, este remake realizado en España, toma como base la historia de Sarah, quien, tras un desastroso accidente al ir manejando, su esposo fallece en el mismo, dejándola viuda. Ahora, sola y tratando de llevar una vida tranquila, espera poder ser la madre ideal para su futuro hijo. Una noche, al llamar a la puerta una extraña entidad femenina, Sarah decide ignorar el llamado, pronto descubrirá que esta mujer sabe más de ella que una simple extraña. La situación se pondrá tensa cuando esta mujer logre entrar a la casa de Sarah con el único propósito de robar su bebé.

En Cartelera: Siempre estarás conmigo

Leído: 16.

 

Tocando los corazones de aquellos quienes tienen un amigo especial en casa, el director Kriv Stenders con un guión de Daniel Taplitz cuentan la historia de una leyenda australiana sobre un canino que viajó alrededor de toda Australia para cruzar camino con Mick, un pequeño joven que tras sufrir el fallecimiento de su padre y el internado mental de su madre se muda a casa de su abuelo. Con el tiempo y con un nuevo estilo de vida, conocerá a Red Dog y a Betty, quienes le darán una lección al hacerle notar que la vida sigue, y que, a pesar de tener un día nublado, no significa que será así para siempre. Siempre estarás conmigo es una historia de aceptación que enseña a los dueños y amigos de las mascotas a valorar el tiempo con las mismas.

 

En Cartelera: En la penumbra

Leído: 15.

 

Este largometraje cuenta la historia de un guardia que presenta a sus compañeros una máquina que consiste en una circunferencia hueca formada por dos hemisferios. Este investigador empieza a rodearse de personas influyentes y un tanto peligrosas que tienen un cometido maligno. Este selecto grupo planifica un ataque sangriento y violento.

La trama cuenta con una historia paralela, la de Katja (Diane Kruger), que planea vengar la muerte por una bomba de su marido y su hijo. Pese a que los neonazis culpables ya han pagado por su delito, esta busca para ellos un castigo mayor.

 

En Cartelera: Abril y el mundo extraordinario

Leído: 14.

En el París de 1941 gobernado por Napoleón VI la segunda revolución industrial nunca tuvo lugar porque los científicos han desaparecido, pues tras la misteriosa explosión de 1870 no queda ninguno para inventar la electricidad, la aviación o la televisión. En ese contexto la joven Abril y su gato parlante Darwin intentarán encontrar a la familia de la chica, descubriendo en su búsqueda una extraordinaria conspiración que afecta a todo el país.

En Cartelera: La rueda de la maravilla

Leído: 15.

 

Es evidente que la visión que Woody Allen tiene del carácter femenino se ha agriado y agrietado después de su ruptura con Mia Farrow y todos los escándalos posteriores. El modelo de mujer fantasiosa que la propia Farrow representó en títulos como La rosa púrpura de El CairoAlice no tiene ya cabida en la obra del cineasta neoyorquino. Su filmografía no es una autobiografía en el sentido estricto de la palabra, pero cada uno de sus filmes más representativos viene a ser el documento de una relación directa, sea con Diane Keaton (Annie Hall, Manhattan) o con Farrow (Otra mujer, Maridos y mujeres), o bien el de un periodo concreto que el director vuelca en distintos ideales femeninos (Scarlett Johansson, Emma Stone), con épocas intermedias en las que la elección de actrices distintas para cada película, de Mira Sorvino a Christina Ricci, rompe o deja en suspenso esa relación directa entre cine y vida. En eso, por supuesto, el cine de Allen no difiere demasiado del de Ingmar Bergman y John Cassavetes, dos de sus referentes confesos o inconfesos. 

Ese tono agrio, incluso no siempre respetuoso, vuelve a aflorar en Wonder Wheel, una suerte de reactualización de Blue Jasmine en el Coney Island neoyorquino de 1950, una época perfecta para Allen (su luz, su estética, su música) si no fuera porque ya no hay épocas ni momentos perfectos para él. El personaje de Kate Winslet aquí es aún más amargo que el de Cate Blanchett allí. Si una decidía aparentar una estabilidad y seguridad que la habían abandonado por completo, la otra vive resignada a su molesta suerte hasta que encuentra en un amor furtivo, que ella cree duradero y sólido, o decide creer que es así, la válvula de escape. 

Pero el tortuoso Allen de los últimos tiempos siembra discordias entre sus personajes y llena el camino de permanentes obstáculos. Y estos, mal sorteados y digeridos, llevan a su melodramática heroína, ni dulce ni fantasiosa, ni hermosa –aunque Winslet lo sea–, a comportarse de un modo que no habría hecho ninguna de las mujeres allenianas, aunque sí los hombres: la protagonista de Wonder Wheel no está tan lejos en sus decisiones últimas del tenista de Match Point, capaz del asesinato para mantener su confortable estatus de vida. 

Puede que fuera Match Point la película que, hace doce años, iniciara la etapa oscura de Allen, pero Wonder Wheel es el filme que la certifica en toda su dimensión. No solo eso. Allen estruja su generalmente sencilla puesta en escena hasta convertirla en una set piece teatral con el viejo Coney Island como decorado inalterable y las entradas y salidas de los personajes como si estuvieran sobre el escenario representando Un tranvía llamado deseo o algún otro drama de similar intensidad. Ni la humildad anacrónica del personaje de James Belushi, los filtros artificialmente crepusculares que se cuelan por las ventanas de los interiores del apartamento de los protagonistas, o la irónica voz narrativa de Justin Timberlake, de profesión vigilante de la playa, aunque enamora a las mujeres y quiere ser escritor, otorgan un poco de pausa y respiro al drama. Allen, hace años, no hubiera filmado un plano tan devastador como el de la hija de Belushi caminando sola por la calle mientras se acerca el coche con unos matones dispuestos a asesinarla. 

A favor: Su mesurada intensidad y el trabajo de los actores en un filme nada coral. 

En contra: Una amargura nada contenida con el que cierto público alleniano igual no se identifica.

En Cartelera: En la penumbra

Leído: 16.

 

Este largometraje cuenta la historia de un guardia que presenta a sus compañeros una máquina que consiste en una circunferencia hueca formada por dos hemisferios. Este investigador empieza a rodearse de personas influyentes y un tanto peligrosas que tienen un cometido maligno. Este selecto grupo planifica un ataque sangriento y violento.

La trama cuenta con una historia paralela, la de Katja (Diane Kruger), que planea vengar la muerte por una bomba de su marido y su hijo. Pese a que los neonazis culpables ya han pagado por su delito, esta busca para ellos un castigo mayor.

En Cartelera: Jumanjí: En la Selva

Leído: 229.

 

En esta tardía secuela (sí: es una segunda parte) Jumanji: Bienvenidos a la jungla respira por sus poros aventureros lo que habría sido ver la continuación de la inicial Jumanji en 1997 o 1998: la acción es totalmente noventera (esas escenas con motoristas que se dirían sacadas de la reinterpretación madmaxiana de clásicos bis 90s), las relaciones de los personajes son como en la comedia teenager (aunque, esa es la gracia, corporeizada vía avatares, en adultos), hay mucho de buddy movie y mucho del actioner tardío de John Badham o del mismísimo Indiana Jones que dejara en los 80 todo ya escrito al respecto. Secuela que salta de los 90 al 2017 con un guiño entrañable al propio John Hughes y El club de los cincoel film dirigido por Jake Kasdan se salta (para bien) las reglas del cine videojugable y de las franquicias juveniles distópicas como El corredor del laberinto, para regalarnos un non stop de réplicas divertidas, villanos de dibujos animados y una adorable, muy cómplice, referencia a lo que en los años 90 hacía Stephen Sommers (el tramo final selvático es un calco del trecho final hasta la pirámide en El regreso de la momia) y un festival de Dwayne “The Rock” Johnson donde no solamente se ríe de él mismo, sino que bendice con cariño infinito a los forzudos de hace ya dos o tres décadas. Tan entretenida y gayer (que Jack Black tenga una erección tras darse el filete con Nick Jonas ennoblece la película y la diferencia de otros productos mainstream familiares) como las aventis de la Cannon, lo que ya es un plus.

A favor: Su sentido del humor y de la aventura. 

En contra: No salen monos y sí Nick Jonas. Mal. 

En Cartelera: Cuando los hijos regresan

Leído: 117.

 

Un matrimonio de jubilados tendrá que defender su hogar de una amenaza inesperada: sus primogénitos regresando a casa de sus padres a vivir.

En Cartelera: Olé, el viaje de Ferdinand

Leído: 127.

 

Ferdinand es un toro sensible y nada guerrero. Él no es como los demás toros, que se pasan el día rebufando y corneándose los unos con los otros. Ferdinand prefiere oler las flores, sentado debajo de una encina, en lugar de competir en fiereza con los otros toros. No es cobarde, simplemente es pacifista, y debido a su fascinación por la naturaleza, se niega a luchar.

Como vive en España, allí, el sueño de todo toro es que le dejen participar en las corridas de Madrid. Pero esto no le interesa en absoluto a Ferdinand. Claro que todo cambiará el día en que se lo lleven a torear, cuando le capturen por ser el toro más grande, fuerte y rápido de toda la ganadería, y le obliguen a entrenar para combatir. Decidido a regresar con su familia, Ferdinand se unirá a un grupo de inadaptados con los que vivirá una gran aventura. ¿Conseguirá Ferdinand cambiar su destino?

Película basada en el cuento Ferdinando, El Toro del escritor americano Munro Leaf. Una fábula sobre la gran humanidad de un toro que se niega a embestir, frente a la bestialidad de la humanidad que trata por todos los medios de hacer que el toro sea feroz y combata en el ruedo. Esta película de animación está dirigida por Carlos Saldanha, responsable de películas como Rio (2011), Ice Age 3: El origen de los dinosaurios (2009) y Robots (2005).

En Cartelera: Star Wars: Los Últimos Jedi

Leído: 239.

 

Absolutamente genial ha sido el marketing de la Galaxia desde que hace un par de años J.J. Abrams la resucitara con la aplaudida El despertar de la fuerza (2015). Si Rogue One (2016), por obra y gracia de Gareth Edwards, ya nos pareció una absoluta maravilla en su épico (y dramático) cruce entre la space opera y el bélico clásico –cómo recordaba a la magistral Los 7 magníficos del espacio (1980)-, ahora es Rian Johnson quién eleva un poco más los niveles cualitativos de la saga llevándola a unos niveles absolutamente sublimes. Los últimos Jedi es la película que todo fan de Star Wars se mereceun disfrute sin frenos que explota con inteligencia y oficio todo aquello por lo que la saga original acabó convirtiéndose en parte esencial de la cultura Pop: acción, drama, romance, comedia, fantasía, sacrificio, naves espaciales, sables luminosos y criaturas extraterrestres que arrasarán cuando salgan en su versión Funko. 

Llama la atención el hecho de que este Episodio VIII venga “escrito y dirigido por Rian Johnson”. Ni siquiera Abrams tuvo control absoluto del guion de su Episodio (todo era supervisado por Lawrence Kasdan), algo que hasta la fecha era exclusivo de George Lucas (por algo es el creador de todo esto), quién sí firmó en solitario los Episodios I, III y IV. La confianza de Disney en Johnson –quién, al fin y al cabo, sólo tiene tres largometrajes en su currículum, aunque dos de ellos son las bestiales Brick (2005) y Looper(2012)- debió ser de órdago tras leer su vibrante y emocionante guion para la continua expansión del universo Jedi. Un claro acierto el apostar por un cineasta que controla a la perfección, ya no sólo la construcción narrativa de la obra en sí, sino el hábil manejo de las emociones (felices y amargas) en un contexto de pura fantasía espectacular. Que en mitad de las muchas batallas que pueblan la película haya espacio tanto para el mínimo gesto dramático como para un gag fugaz (los nuevos y adorables porgs!), son detalles de guion que engrandecen la película, pero donde se nota de verdad que Johnson la prompe, es cuando en las largas y elaboradas set-pieces de acción –ojo a la que se desarrolla en el “salón rojo”- todos y cada uno de los movimientos de los personajes van perfectamente acompañados por el encuadre necesario. Algo similar ocurre con las batallas en el espacio –esta sí es la verdadera guerra de las galaxias-, donde disfrutamos como enanos contemplando como destructores, cazas, naves y cápsulas de salvamento se disparan unas a otras en una carrera a la desesperada que es tanto un deleite tanto en términos plásticos como estéticos. ¿Qué significa esto? Que si bien la imagen funciona por su espectacularidad, lo que está bien, donde realmente la rompe, es por su construcción dramática en términos, especialmente, de suspense narrativo. Y es que Los últimos Jedi es realmente asfixiante (especialmente en su último tercio): una película que trata sobre la caza a la desesperada de los rebeldes por parte de un Imperio desatado y sanguinario -¿a alguien más le recordó un poco al episodio piloto de Battlestar Galactica (2004)?- mientras en paralelo se siguen las historias personales del resto de personajes (Finn, Luke, Rey, Poe). 

Así tenemos un gran marco de acción, en tensión desde el minuto cero, cuya resolución dependerá de las aventuras individuales de cada uno de nuestros héroes. Que todo eso cuaje con un ritmo in crescendo es sin duda digno de ovación. El mayor problema de El despertar de la fuerza eran las peligrosas similitudes que establecía a nivel argumental con La guerra de las galaxias (1977). Así que era interesante, como base, ver las similitudes que podían existir entre Los últimos Jedi y la que sigue siendo la mejor película de la saga: El imperio contraataca (1980). 

Pues bien, si a nivel cualitativo ambas películas andan sobradas de facultades, hay que decir que ambas se distancian en lo argumental lo suficiente como para ser perfectamente disfrutables, tanto juntas como por separado. Si bien el Episodio VIII consigue pulir más aristas sobre las tramas planteadas en la película anterior –la evolución tanto de Kylo Ren como de Rey, así como la relación entre ambos, es fabulosa- y hay twists argumentales de hondo latido emocional –al igual que ocurría en la mítica película donde se descubría la paternidad de Luke Skywalker-, lo cierto es que ambas coinciden en algo bien claro: son películas superiores a sus precedentes. Vaya, que si la mitomanía de Abrams acababa jugando en su contra, la pasión de Johnson acaba dando alas a estos últimos Jedi que, aunque heridos y desencantados, resisten más fuertes que nunca. Algo así como los fans de la saga que, hoy, más que nunca, tienen razones para mantener la esperanza.

A favor: Adam Driver, ¡Qué pedazo de actor! Y la revelación de un nuevo personaje: Rose Tico (Kelly Marie Tran).

En contra: Que un youtuber se haya levantado en mitad de la película para ir al baño y hayamos visto la sombra de su rostro en la pantalla en un momento de alta tensión. Chale.

 

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