- Cine

En Cartelera: La Morgue

Leído: 81.

Las historias de terror clásicas nunca pasan de moda. Pero parece que el cine actual se ha olvidado de ellas. Esas películas de sustos que funcionaban como un tiro, narrativa y visualmente sólidas, cuya única pretensión era la de hacernos pasar un mal buen rato. Pequeños clásicos que echaban mano de una bendita economía narrativa; con ochenta minutos tenían suficiente para dejarnos clavados en la butaca. Cintas que se miraban en el espejo de viejos relatos de miedo o en las historietas de cómic que en los cincuenta popularizaron el género entre, ojo, niños que apenas habían entrado en la adolescencia sin que los padres se quejarán por ello -¡qué tiempos!-. En la actualidad, ese terror añejo, apenas representado por los títulos de James Wan y algunos francotiradores independientes, debería y podría convivir con propuestas más modernas, que las hay y muy interesantes. Ahora bien, como ese horror vintage escasea, cuando surge un filme que recupera con acierto esos aires clásicos y además lo hace de forma fresca, se produce una epifanía en el género que le otorga un valor especial. Ese es el caso de La Morgue, el nuevo esfuerzo de André Øvredal tras el fantástico found footage que fue y sigue siendo Trollhunter.

En Cartelera: Un golpe con estilo

Leído: 5.

Willie (Morgan Freeman), Joe (Michael Caine) y Al (Alan Arkin) son tres amigos jubilados a los que el sistema les ha congelado su plan de pensiones. Desesperados porque no pueden pagar las facturas, están decididos a recuperar su dinero. Los tres ancianos deciden entonces arriesgarlo todo y embarcarse en un temerario plan que consiste en atracar al mismísimo banco que se quedó con su dinero.

Remake del thriller Going in Style que dirigió Martin Brest en 1979, esta versión la dirige Zach Braff.

 

En Cartelera: Día del atentado

Leído: 5.

El título pone fácil la predisposición contra ella sin incluso haberla visto, para, así, descalificarla con rapidez. Pero lo cierto es que Berg pertenece a esa clase de directores, predominantemente norteamericanos, pero no los únicos, que no aspiran, o al menos no transmiten esa sensación, a alcanzar un nivel autoral y se aplican para realizar películas. Algo tan sencillo pero, en el fondo, tan complicado. Berg ha entregado mejores o peores títulos, pero hay algo en su cine que entronca con una tradición narrativa en el que las imágenes van marcando la narración y que posee, en su forma y en su fondo, un potente sentido de ‘gran cine’. Algo que ha ido elaborando película tras película con mayor o menor acierto, siempre manejándose mejor en unos contornos narrativos muy precisos -Friday Night LightsEl único superviviente, sus episiodios para The Leftovers y sus dos últimas películas- que cuando debe moverse en territorios más amplios –La sombra del imperioBattleship e, incluso, Hancock, que bien podría estar en el otro grupo-. Así, Berg no se incluye, ni se incluirá dentro de ningún debate crítico debido a esa imposibilidad de trazar, en apariencia, coordenadas específicas alrededor de su trabajo visual. Se trata de un director que, como tantos otros, imponen un acercamiento más basado en sus películas que en una supuesta correlación o evolución autoral a lo largo de su carrera.

Días del atentado, como decíamos, posiblemente sea despachada con rapidez, como lo fue Marea negra en algunos medios, sirviéndose de plantillas crítica anquilosadas que siguen patrones establecidos y seguros para rechazar un tipo de cine con facilidad. A pesar de ello, habrá el tiempo suficiente para llevar a cabo un comentario político, o supuestamente político, sobre ella sin entrar en que la propuesta de la película es compleja en su modo de acercarse a la recreación del atentado terrorista de la maratón de Boston en 2013, así como en la forma en que Berg lo pone en imágenes. Porque desde el comienzo hasta que se muestra el momento preciso del atentado, pasan alrededor de cuarenta y cinco minutos basados en un minucioso desarrollo de las horas previas en las que los terroristas tienen su lugar en la historia, algo que puede recordar a United 93 en tanto al deseo de entregar una visión poliédrica del suceso, si bien, la gran y muy reveladora diferencia, y que sirve para hablar de la película de Berg, se encuentra en que abandona toda tentativa de hacer pasar las imágenes de Día del atentado por documentales como sí hacía en gran medida Greengrass.

Berg deja claro que su película es una ficción basada en hechos reales y narra desde la reconstrucción, como ejemplifican algunas secuencias, como en la que sobre un enorme suelo recrean los posibles movimientos de los terroristas para, después, localizar imágenes a través de las cámaras de seguridad de las calles, aunando de esta manera investigación tradicional y nuevas tecnologías. Berg se toma su tiempo para ir mostrando a los personajes, para ir creando un contexto –de ahí la importancia de las tomas aéreas y planos generales de la ciudad que marcan el paso del día- y un tono, con un ritmo lento y pausado que con la ayuda de la música de Trent Reznor y Atticus Ross, quienes, como habitúan, componen una partitura que no acompaña a las imágenes sino que aumenta la narración siendo parte de ella a modo sensorial, casi emocional. Así, la película avanza hasta la explosión, a modo de retrato de un grupo de personajes y de una localidad que, pocas horas después, sufrirá un ataque, después del cual la película toma el camino del thriller para recrear las horas posteriores al atentado y la detención de los responsables.

Durante todo esa parte, Berg está interesado en narrar los sucesos, siguiendo un ritmo pausado, con detalle, desde un punto de vista humano cuya pretendida objetividad y falta de comentario –salvo en las imágenes finales de la película- pueden ser visto y entendido, precisamente, por su contrario. Lo relevante es como Berg construye una película en la que el montaje de las imágenes va creando un sentido anímico que se corresponde con lo sucedido ese día, suponemos, en cada preciso momento en una recreación emocional y sensorial que tiene en su trabajo con las imágenes un sentido clásico a la vez que en su tratamiento se abre a un relato más presente en su elaboración interna.

Y en ese itinerario visual y musical que crea Berg, la película narra con buen pulso y sentido veinticuatro horas de una pesadilla que nos entrega imágenes y momentos de gran ambición en su elaboración y en su contenido. El acercamiento, por otro lado, a las circunstancias es tan complejo como demuestra que el personaje interpretado por Mark Wahlberg, el único de los principales que no corresponde con la realidad, se alza como una figura que trastoca la propia imagen del actor como la del héroe blanco masculino (y no olvidemos que estamos en Boston…) al mostrar su figura de manera poco complaciente, sirviendo incluso como parábola de la impotencia de mantener a salvo a la familia, por ejemplo, ante unos sucesos así. El héroe individual queda desplazado en Día del atentado por lo colectivo, por el trabajo de todos los ciudadanos, una idea que, por otro lado, aparece de manera transversal en el cine de Berg, quien ha logrado con su última película la que quizá sea la mejor de su carrera al llevar todo lo expuesto anteriormente a unos magníficos niveles narrativos.


Lo mejor:
 El trabajo visual y tonal de Berg, la banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross.

Lo peor: Que indudablemente se hablará de ella como película de la ‘América de Trump’ sin saber muy bien cuál es esta y que se desprecie sin atender bien a sus virtudes.

 

En Cartelera: Ozzy rápido y peludo

Leído: 4.

La familia de Ozzy, un beagle encantador, se va de viaje por Japón. Por eso tendrán que dejar unos días a su adorable mascota en un balneario para perros donde, a priori, será tratado con los mayores lujos posibles. Sin embargo, el lugar será un engaño creado por un villano, por lo que el can irá en realidad al verdadero Blue Creek, una cárcel para perros. La prisión estará llena de chuchos callejeros y allí gobernará la ley del más fuerte. Así, el protagonista se las tendrá que idear para evitar los peligros que surjan, junto a sus nuevos amigos Chester, Fronky y Doc, y regresar a casa a salvo.

Esta película española de animación está dirigida por Alberto Rodríguez (la serie Pocoyó) y co-dirigida por Nacho La Casa.

 

En Cartelera: Si Dios quiere

Leído: 5.

Tommaso (Marco Giallini) es un cardiólogo de renombre liberal y ateo. A pesar de su aparente vida perfecta, su matrimonio con Carla (Laura Morante), la madre de sus dos hijos, ha ido deteriorandose cada vez más.

Mientras tanto, su decepcionante hija Bianca (Ilaria Spada) no muestra interés por nada en su vida. Por lo que las esperanzas caen en su inteligente hija Andrea (Enrico Oetiker) que estudia medicina y tiene un futuro muy prometedor. Sin embargo, un día revoluciona a su familia con una impactante noticia: quiere hacerse cura.

Escrita y dirigida por Edoardo Maria Falcone, quien debuta en la dirección con este largometraje. Entre algunos trabajos anteriores del director se encuentra el haber escrito la película de Rolando Ravello ¿Te acuerdas de mí?.

 

En Cartelera: Nacidos en China

Leído: 4.

Documental de la filial de Walt Disney Disneynature que recoge la vida salvaje y la belleza natural de China. El largometraje sigue de cerca las vidas de tres familias de animales: Los pandas majestuosos, los monos dorados y los leopardos de la nieve. La película viaja desde las gélidas montañas de China hasta el corazón de las selvas de bambú.

Chuan Lu (Ciudad de vida y muerte, El arma perdida) dirige este documental escrito por David Fowler, Brian Leith, Phil Chapman y el propio Lu. La actriz Xun Zhou es la encargada de poner voz a la cinta en su versión original.

 

En Cartelera: Histeria

Leído: 5.

Federico Anduaga es un arquitecto tímido y reservado que debe lidiar todos los días con la presión y la violencia de la sociedad. Encima de eso, Federico vive estresado por cumplir las expectativas de su padre y las demandas económicas de su esposa. La suerte de Federico parece cambiar cuando consigue un trabajo en una constructora, pero sus planes se ven truncados cuando descubre que trabaja para un jefe deshonesto y ahora debe de volverse cómplice de la corrupción en la construcción de un edificio residencial. Las presiones del trabajo se suman al conflicto emocional que agobia a Federico, lo cual provoca que su ira explote y su alma se corrompa hasta llevarlo a desconocer los límites de su propia humanidad.

 

En Cartelera: Rápidos y Furiosos 8

Leído: 123.

Hay una escena en esta octava entrega de Fast & Furious que muestra sin tapujos el espíritu de la película: Dwayne Johnson soltando un chascarrillo y desviando con la mano un mísil que, a toda velocidad, se desliza sobre una placa de hielo gigante. Y es que, desde que los filmes protagonizados por Dominic Toretto y Cía. mutaran en 2011 hacia la acción disparatada al más puro estilo James Bond y Misión Imposible, la saga, no solo ha conseguido mirar de cerca a los mejores títulos de esas franquicias, sino que ha elevado a la categoría de arte mayor lo del más difícil todavía. Aquí la cosa va de prestigiar la fantasmada (perdonen el término, utilizado aquí sin intención peyorativa) con un savoir faire y una imaginación brutales. Convertir lo inverosímil en el motor emocional de una mitología automovilística sobre unos fuera de la ley que crean su propia familia disfuncional, y que utilizan su libre albedrío para salvar a sus amigos y al mundo. Como era de esperar, Fast & Furious 8 riza el rizo de lo imposible, elevando un poco más el nivel de dificultad de las acrobacias, los clímax, y las coreografías de acción.

F. Gary Gray (Straight Outta Compton, Un ciudadano ejemplar), nuevo en la saga, agarra el toro por los cuernos y se une a la fiesta como si llevara años en la familia. Poco o nada se le puede reprochar. Gray aprueba con nota gracias a una estupenda planificación de las set-pieces de acción (ojo, también acierta en los detalles: ese plano hacia el inicio de Diesel entre la niebla y las sombras para ejemplificar su paso al lado oscuro), y a un ritmo trepidante sin altibajos (dos horas y cuarto que se hacen cortas). En espíritu, este Fast & Furious 8 quizás sea el más Cannon y ochentero de la saga. Lo es por esa villana retorcida a la que pone cara Charlize Theron; una mezcla posible entre una némesis psicópata 2.0 de James Bond y el Billy Drago de Delta Force 2. Y por ese giro que convierte a Toretto en el malo de la función durante un buen rato de la película.

Otra cosa que mantiene el nivel de excelencia en esta entrega es el hilarante enfrentamiento dialéctico y físico entre los personajes que interpretan Dwayne Johnson y Jason Statham; enemigos en el pasado que se verán forzados a trabajar juntos. Una pareja sobrada de carisma y química en la pantalla (su toma y daca en la prisión es una auténtica gozada). Pero los aciertos no se acaban ahí. La participación sorpresa de Helen Mirren, la aparición de los coches zombis, el tramo final con el submarino atómico, o una secuencia en un avión que replica con descaro y gracia al John Woo de Hard Boiled y Cara a cara, por ejemplo, también suman a la hora de hacer más redonda la fiesta que propone Fast & Furious 8.

A favor: su sentido del espectáculo 'bigger than life' y el duelo entre Dwayne Johnson y Jason Statham.

En contra: que no haya una película de la saga cada mes.

 

En Cartelera: Voraz

Leído: 53.

La obsesión de la cineasta Julia Ducournau por la faceta más orgánica y cruda del cuerpo humano no es nueva. En su cortometraje Junior, mostraba la transformación física de la quinceañera Justine. Aquella pieza estaba protagonizada por una jovencísima Garance Marillier, que en Crudo encarna a otra chica llamada Justine, virgen, vegetariana y flamante estudiante de veterinaria. Ni el nombre, que parece evocar a la Justine del Marqués de Sade, ni las circunstancias que envuelven a la chica son detalles banales. De Sade, Ducournau toma lo orgánico, la carga sexual, eje vertebrador de una película que relata el paso a la adultez de una universitaria, sus primeros flirteos con el deseo, con lo social, con alcohol y, sobre todo, con la carne. Porque, en Voraz, todo pasa por la carne, por el cuerpo cambiante de Justine, por los filetes crudos que esta se come cuando su vegetarianismo desaparece en favor de un voraz apetito por la sangre y, finalmente, por el cuerpo del otro, convertido no solo en objeto del deseo sino también en suculento manjar para la protagonista.

Como en Junior, estamos ante una transformación. De hecho, podríamos hablar de Voraz como de una película de monstruos en la que el monstruo es esencialmente humano. En este sentido, la película procura instalar lo fantástico en el terreno de lo real. La facultad de veterinaria, por ejemplo, parece por momentos un lugar propio de otro mundo o, mejor dicho, un universo único, regido por sus propias reglas. Ducournau filma la transformación de manera directa, pegada al cuerpo de la protagonista, a su apetito, a los deseos que no puede reprimir. Su retrato de la violencia resulta frontal, privilegiando así la faceta más orgánica de un cuerpo que es carne y es fluidos.

“Mi manera de ver el cuerpo de la mujer es animal, tribal”, decía Ducournau en una entrevista que le hice para el festival de Sitges. No es casual que el despertar carnívoro de la protagonista se produzca tras una prueba de iniciación, en la que Justine se ve forzada por su hermana mayor a comer carne cruda. Esta idea, la de iniciación, recorre toda la película, que traza el trayecto de una joven que abandona las convicciones familiares –el vegetarianismo– y se lanza a una suerte de autoconocimiento –el canibalismo como pulsión, como esencia de su persona–. El terror revuelve así los lugares comunes de los relatos de despertar sexual, en una alegoría que recuerda a It Follows, otra película clave del terror más reciente.

A favor: su actriz, la frontalidad con la que revela la transformación del cuerpo.

En contra: que quizá se hable de la polémica que la rodeó en su proyección en Toronto.

 

En Cartelera: Cordero de Dios

Leído: 57.

Agosto de 1945. Un monasterio cerca de Varsovia (Polonia) alberga un oscuro secreto. Mathilde Beaulieu es una joven médico enviada por la Cruz Roja con el fin de garantizar la repatriación de los prisioneros franceses heridos en la frontera entre Alemania y Polonia.

Pero la sorpresa llega cuando descubre que una gran parte de las hermanas del convento están embarazadas por soldados del Ejército Rojo. Aunque Mathilde es inexperta, deberá aprender a sacar adelante esta inusual situación y ayudar a las hermanas.

 

En Cartelera: Campamentyo Carrusel

Leído: 47.

El grupo de “Carrossel” (Carrusel) está de vacaciones de la Escuela Mundial y los amigos se reúnen en el campamento Panapaná, donde se embarcan en nuevas aventuras. Juntos, ellos vivieron días increíbles, participando en juegos y niñerías organizadas por el señor Campos, un viejito muy simpático, que hace todo para que los niños se diviertan al máximo. Mientras los niños se divierten, Gonzáles, funcionario de una empresa capitalista, aparece en el campamento con la misión de comprar el terreno para transformarlo en una fábrica que contamina. El villano pretende sabotear el Panapaná para obligar al señor Campos a cerrarlo, pero el hábil grupo de la Escuela Mundial se une para ponerse en el camino de sus planes y mantener el campamento funcionando.

 

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